Creo en los procesos que transforman desde adentro. Aquí encontrarás un espacio para hablar sin miedo, entender tus emociones y recuperar la calma que tu vida necesita.Mi enfoque combina escucha profunda, estrategias prácticas y un acompañamiento humano que respeta tus tiempos.
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Durante mucho tiempo se ha explicado el atracón como un problema de comida, de ansiedad o de fuerza de voluntad.
Y esa mirada, aunque común, no solo es incompleta: muchas veces profundiza la culpa y mantiene el problema.
El atracón no aparece porque una persona “no se controle”.
Aparece porque su sistema nervioso aprendió que esa era una forma rápida de bajar una emoción que se desbordaba.
El atracón no empieza en la cocina
Uno de los errores más frecuentes es creer que el atracón comienza cuando aparece la comida.
En realidad,
empieza mucho antes.
Empieza cuando:
- Te callas lo que sientes
- Aguantas más de lo que puedes
- Te exiges sin descanso
- No hay espacio para el enojo, la tristeza o el cansancio
Cuando una emoción se vuelve demasiado intensa, el cuerpo deja de razonar.
Entra en modo supervivencia.
Y en supervivencia, el objetivo no es “hacer lo correcto”.
Es bajar el peligro interno lo más rápido posible.
Qué pasa en el cerebro durante un atracón
Desde una mirada neuroemocional, el atracón activa circuitos de alivio rápido.
No porque la persona busque placer,
sino porque el cuerpo necesita regular una activación que se volvió intolerable.
En el momento del atracón suele aparecer:
- Una sensación de alivio momentáneo
- Una disminución de la intensidad emocional
- Una desconexión parcial del malestar
Después, cuando el sistema baja la activación, aparece la culpa.
No porque el cuerpo haya “fallado”, sino porque la mente entra a juzgar lo que fue una respuesta automática.
No es ansiedad solamente, ni falta de voluntad
Reducir el atracón a “ansiedad” o “impulsividad” deja afuera algo central:
ES UNA CONDUCTA APRENDIDA.
En algún momento de la historia de la persona, esa respuesta:
- Funcionó
- Ayudó a calmar
- Permitió seguir
Por eso se repite.
No porque la persona quiera,
sino porque
su sistema no tiene todavía otra herramienta disponible.
El problema no es haber aprendido esa respuesta.
El problema es
quedarse solo con esa.
Por qué pelear con el atracón no funciona
Muchas personas intentan “controlarse”:
dietas, reglas, prohibiciones, autocastigo.
Pero cuando se intenta eliminar el atracón sin ofrecer otra forma de regulación, el sistema entra en alerta.
Y un sistema en alerta:
- Refuerza la conducta
- Aumenta la urgencia
- Intensifica el ciclo
Por eso el cambio no empieza peleándose con la conducta.
Empieza entendiendo:
- Qué emoción está intentando regular
- Qué función cumple
- Qué contexto la activa
La comida no es el problema
Esta es una de las ideas más difíciles de integrar, pero también una de las más liberadoras:
La comida no es el problema.
Es la solución que apareció cuando no había otra disponible.
El trabajo terapéutico no busca quitar la conducta a la fuerza.
- Busca ampliar el repertorio del sistema: Enseñar nuevas formas de sostener emociones, de poner límites, de registrar el cuerpo, de regular sin hacerse daño.
El cambio real: aprender a regular
Superar el atracón no es aprender a “comer perfecto”.
Es aprender a:
- Reconocer lo que sientes antes de que se desborde
- Tolerar emociones difíciles sin anularlas
- Crear seguridad interna
- Dejar de vivir en supervivencia constante
Eso
no se fuerza.
Se aprende.
Y se aprende acompañado.
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